sábado, octubre 31, 2020

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La voz por el clima es joven y culturalmente diversa

Por Michelle Soto

Nota publicada en AM Prensa en el marco del Programa Latinoamericano de Cobertura Periodística COP25.

Greta Thunberg

Madrid, España. “Para tener un 66% de probabilidad de limitar el calentamiento del planeta a 1,5 °C, nos quedaban solo 420 gigatoneladas que podíamos emitir al 1 de enero del 2018. Ese número es mucho más bajo hoy, porque emitimos cerca de 40 gigatoneladas cada año. Al ritmo actual de emisiones, nuestro presupuesto se habrá consumido en ocho años”.

Quien habla no es un experto del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC). Quien habla es una adolescente de 16 años, lo hace subida en un banco para alcanzar el micrófono y dirigirse a una plenaria colmada de adultos que representan a los 196 países que son miembros de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC).

“Este es mi mensaje. Quiero que se enfoquen en esto. Díganme, por favor, ¿cómo pueden ver estos números sin sentir algo de pánico? ¿Cómo responden al hecho de que prácticamente nada estamos haciendo sobre esto sin sentir aunque sea un poco de enojo? ¿Y cómo comunicamos esto sin sonar alarmista? Me gustaría saber eso”, dijo Greta Thunberg durante su intervención en el segmento ministerial de la 25 Conferencia de las Partes de la CMNUCC, más conocida como COP25.

Minutos más tarde, la sesión plenaria se llenó de voces juveniles que, mediante cánticos y proclamas, pedían a los líderes mundiales tomar acción inmediata para reducir las emisiones de carbono y demandaron justicia climática en la cumbre.

“África es la más golpeada por el cambio climático. Todos los días se pierden cientos de vidas. ¿Debemos seguir viviendo así? La injusticia climática es un crimen. No podemos esperar de 3 a 5 años para combatir la crisis climática. No podemos quedarnos sin hacer nada cuando la crisis climática está arrasando nuestro futuro. Es hora de acciones y no de palabras vacías”, dijo Adenike Oladosu de Nigeria.

“La COP25 se enorgullece del lema ‘Hora de actuar’. Eso significa que es hora de dejar atrás la política, el dinero y la codicia para pasar a la acción colaborativa mundial”, agregó Toby de Australia.

“Nuestro país está en negación”, manifestó Daniela Borges, de Brasil, quien seguidamente añadió: “Necesitamos ayuda de todo el mundo para controlar esto. Los otros países que compran nuestros productos deben entender que muchos de esos productos tienen sangre de nuestra gente en ellos”.

Creer que el movimiento de las protestas escolares se reduce a Greta Thunberg es ignorar que el cambio climático es un fenómeno global, cuyas consecuencias no respetan fronteras, tampoco etnias, ni estratos socioeconómicos.

El clamor por la acción climática es joven y multicultural.

El enojo de los más chicos

“Necesitamos un balance entre optimismo y enojo. Necesitamos optimismo para seguir trabajando y para no rendirnos, pero el optimismo viene de la acción. Una vez que empecemos a actuar, tendremos esperanza. Necesitamos enojo para salir de nuestra zona de confort. Estoy segura de que, si la gente escuchara lo que pasa en estas COP y en estas negociaciones, estarían muy enojadas. Entonces sí, necesitamos las dos en un balance adecuado”, le respondió Thunberg a Carlos Manuel Rodríguez, ministro de Ambiente y Energía de Costa Rica, durante un panel.

Ese enojo ante la impotencia de ver a los adultos decidiendo su futuro, y ellos no poder decir nada al respecto, llevó a los jóvenes -durante este 2019- a realizar movilizaciones masivas en distintos países del mundo, siendo la más grande la ocurrida el pasado 20 de setiembre cuando 7,6 millones de personas se tiraron a las calles en 163 países.

El 6 de setiembre, al cumplirse una semana de negociaciones en el marco de COP25, unas 500.000 personas colmaron las calles madrileñas (ciudad donde se realiza la cumbre climática). A los jóvenes se les unieron representantes de pueblos indígenas, organizaciones eco feministas y ecologistas así como familias enteras, quienes entonaron proclamas como “el planeta no se vende, el planeta se defiende”, “cambia al sistema, no el clima”, “los océanos se alzan, nosotros también” o “el buen vivir no es consumir”.

“La COP25 no es algo de lo que podamos mirar más allá e ignorar, debemos aprovechar cada oportunidad que tengamos… Sinceramente, espero que la COP25 conduzca a algo concreto y a un aumento de la conciencia entre la gente en general”, dijo Thunberg desde el escenario dispuesto en Nuevos Ministerios, lugar adonde llegó la marcha que había salido de la estación de trenes de Atocha y había recorrido todo el Paseo de La Castellana.

“He tenido fiebre tifoidea. He tenido malaria. Mi abuela murió de cólera. Sé de lo que hablo”, exclamó Jimmy Fénelon, coordinador nacional de la Red Ambiental Juvenil del Caribe, en Haití. “Muchos renunciaron a Haití, pero decidí quedarme, luchar. Tenemos que concienciar a los jóvenes. Podemos hacer que trabajen juntos y enviar un fuerte mensaje”, continuó.

“Mis amigos han perdido sus casas. La gente ha perdido la vida. No sabemos qué más hacer. Nuestro gobierno no cumplirá con el Acuerdo de París, nuestro gobierno está dando pasos hacia atrás”, declaró Daisy Jeffrey de Australia a medios de prensa.

“Si vamos a luchar contra el cambio climático, tenemos que asegurarnos de que se respeten los derechos de los pueblos indígenas”, dijo con contundencia Helena Gualinga de Ecuador.

“La gente está subestimando la fuerza de los niños enojados. Si los políticos quieren que dejemos de estar enojados, deberían dejar de hacernos enojar”, remató Thunberg.

El enojo juvenil no es gratuito

Según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), el cambio climático amenaza con hacer retroceder los avances en materia de derechos de la infancia si no se invierte con la suficiente urgencia en soluciones que beneficien a los niños y niñas más vulnerables.

“Desde huracanes hasta sequías, pasando por inundaciones e incendios forestales, las consecuencias de la crisis climática nos rodean, afectando sobre todo a los niños y niñas, amenazando su salud, educación, protección y supervivencia”, declaró Gautam Narasimhan, asesor en cambio climático, energía y medio ambiente de UNICEF.

De hecho, y según este órgano de Naciones Unidas, alrededor de 503 millones de niños viven actualmente en zonas con un riesgo extremadamente alto de sufrir inundaciones debido a fenómenos meteorológicos extremos como ciclones, huracanes y tormentas, así como al incremento del nivel del mar.

“Las inversiones en la reducción del riesgo de desastres, como los sistemas de alerta temprana, pueden ayudar a preparar a las comunidades para proteger a los niños durante los fenómenos meteorológicos extremos”, se lee en el comunicado de UNICEF.

El número de niños desplazados por fenómenos meteorológicos extremos en el Caribe se ha multiplicado por seis en los últimos cinco años. Entre 2014 y 2018, 761.000 infantes fueron desplazados internamente, lo que implica un aumento con respecto a los 175.000 niños desplazados entre 2009 y 2013.

Alrededor de 160 millones de niños viven en zonas que sufren altos niveles de sequía y, para 2040, 1 de cada 4 niños vivirá en zonas de extrema escasez de agua. “Existen tecnologías para gestionar eficazmente el agua, pero una mayor inversión para ampliar las técnicas puede ayudar a localizar, extraer y gestionar el agua de forma sostenible”, destaca UNICEF.

Los desastres relacionados con el clima aumentan el riesgo de que las niñas abandonen la escuela y se vean obligadas a contraer matrimonio, la trata, la explotación sexual y el abuso. «Educar a las niñas aumenta su conciencia sobre la crisis climática y aumenta su resiliencia y capacidad para hacer frente a estos impactos”, señala el comunicado.

Casi el 90% de la carga de morbilidad atribuible al cambio climático recae sobre los niños menores de cinco años. Los cambios de temperatura, precipitación y humedad tienen un efecto directo en la reproducción y supervivencia de los mosquitos que transmiten enfermedades como el dengue, chinkungunya y zika.

Unos 300 millones de niños respiran aire contaminado, de los cuales 17 millones tienen menos de un año. Estos niños viven en zonas donde los niveles de las partículas 2,5PM superan seis veces los límites internacionales establecidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS), lo que tiene un efecto perjudicial inmediato y a largo plazo en su salud, particularmente en su función cerebral y desarrollo.

“Fuentes de energía más limpias y renovables, un acceso asequible al transporte público, más espacios verdes en las zonas urbanas y una mejor gestión de los residuos que evite la quema a cielo abierto de productos químicos nocivos pueden ayudar a mejorar la salud de millones de personas”, recomienda UNICEF.

El aire tóxico tiene graves consecuencias para los niños de corta edad, y contribuye a la muerte de unos 600.000 menores de cinco años, todos los años, debido a la neumonía y otros problemas respiratorios.

Padres por el clima

En ese contexto, donde sus hijos e hijas se ven amenazados ante el cambio climático, los padres de familia también están enojados. Un total de 222 grupos de padres, provenientes de 27 países, están abogando acciones climáticas ambiciosas y urgentes en el marco de la COP25.

Específicamente, los padres y cuidadores piden a los negociadores escuchar a los científicos y usar la ciencia como base de la política, tomar acciones orientadas a limitar el incremento de la temperatura a 1,5 °C y reducir las emisiones mundiales a cero de inmediato.

“Nuestros hijos e hijas están haciendo un trabajo valiente de concienciación y movilización de la opinión pública a nivel mundial sin precedentes. Nos han dado esperanza. Ahora nos corresponde actuar, porque la esperanza sin acción es sólo ilusión. Queramos o no, juntos somos las últimas generaciones que podemos asumir el reto de estabilizar nuestro clima y evitar un catastrófico cambio climático”, se lee en la declaración que lanzaron en COP25.

Este viernes 13 de diciembre, jóvenes y sus padres volverán a tomar las calles en una manifestación en las afueras del recinto donde se realiza la cumbre del clima en Madrid. Lo mismo pasará en otras partes del mundo.

Si quieren un mañana, definitivamente se requiere construir en presente y, para ello, la ventana de oportunidad se achica día con día. Simplemente, para ellos, ya no hay tiempo.

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